miércoles, 23 de diciembre de 2009

Se busca buena música

Os dejo algunas piezas clásicas dignas de escuchar en estos días de paz, prosperidad, compras en El Corte Inglés y consumismo extremo. Por cierto, como siempre, se aceptan sugerencias en los comentarios, ya sean musicales o no, prometemos tenerlas en cuenta y publicarlas en una nueva entrada. A ver si esta vez alguien se anima y entre todos hacemos una selección digna.













Hasta pronto.

Pensamientos y Fortunas de un Si Menor XIII


Le cedo la palabra al maestro:

Ante las manifestaciones que se están preparando en toda Europa de protesta por el desempleo, escribi, a petición de un grupo de sindicalistas, el texto que a continuación se reproduce.

No al Paro

La gravísima crisis económica y financiera que está convulsionando el mundo nos trae la angustiosa sensación de que hemos llegado al final de una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a continuación.

¿Qué hacemos nosotros, que presenciamos, impotentes, al avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales?

¿Podemos dejar la salida de la crisis en manos de los expertos? ¿No son ellos precisamente, los banqueros, los políticos de máximo nivel mundial, los directivos de las grandes multinacionales, los especuladores, con la complicidad de los medios de comunicación social, los que, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría, nos mandaban callar cuando, en los últimos treinta años, tímidamente protestábamos, diciendo que nosotros no sabíamos nada, y por eso nos ridiculizaba? Era el tiempo del imperio absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto- reformable y auto-regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.

¿Y ahora, cuando cada día aumenta el número de desempleados? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, del narcotráfico y otras actividades canallas? ¿Y las expedientes de crisis, hábilmente preparados para beneficio de los consejos de administración y en contra de los trabajadores?

¿Quién resuelve el problema de los desempleados, millones de víctimas de la llamada crisis, que por la avaricia, la maldad o la estupidez de los poderosos van a seguir desempleados, malviviendo temporalmente de míseros subsidios del Estado, mientras los grandes ejecutivos y administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra gozan de cantidades millonarias cubiertas por contratos blindados?

Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser analizado en los foros públicos y en las conciencias. No es exageración. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es también el que los poderes financieros y económicos, con la complicidad efectiva o tácita de los gobiernos, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder lo que les queda, su casa y sus ahorros, después de haber perdido la única y tantas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.

Decir “No al paro” es un deber ético, un imperativo moral. Como lo es denunciar que esta situación no la generaron los trabajadores, que no son los empleados los que deben pagar la estulticia y los errores del sistema.

Decir “No al paro” es frenar el genocidio lento pero implacable al que el sistema condena a millones de personas. Sabemos que podemos salir de esta crisis, sabemos que no pedimos la luna. Y sabemos que tenemos voz para usarla. Frente a la soberbia del sistema, invoquemos nuestro derecho a la crítica y nuestra protesta. Ellos no lo saben todo. Se han equivocado. Nos han engañado. No toleremos ser sus víctimas.

José Saramago

miércoles, 2 de diciembre de 2009

¿Qué nos estamos perdiendo?

Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos. Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha. Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino. En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos. Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares. Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado? Tan sólo una mujer le reconoció. Stacy Fukuyama, que trabaja en el Departamento de Comercio, llegó casi al final de su actuación. No lo dudó ni un segundo: el que tocaba el violín no era ningún artista callejero. Le había visto hacía tres semanas en un concierto en la Biblioteca del Congreso. Y se quedó mirando, atónita, hasta que la última nota salió del Stradivarius. "Ha sido lo más impactante que he visto en Washington", reconoce. "Joshua Bell estaba allí tocando en hora punta, y la gente no se paraba, ni siquiera miraba. ¡Algunos incluso le echaban monedas! ¡Cuartos de dólar! Yo eso no se lo haría a nadie". Lo que más extrañó a Bell, sin embargo, fue que al final de cada pieza no pasaba "nada". Nada. Ni un bravo, ni un aplauso. Sólo silencio. En total, Bell almacenó en la funda de su Stradivarius 32 dólares y algo de calderilla. "No está mal", bromea, "casi 40 dólares la hora... podría vivir de esto. Y no tendría que pagarle a mi agente". Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?

domingo, 22 de noviembre de 2009

La estética de la muerte









"Me he sentido extraño.
Pasaba las páginas y el horror volvía una y otra vez. Yo me jubilé en 1994 y ya no hice Kosovo; y sin embargo reconocía cada cara, cada escena, cada cadáver. El rostro de mujer angustiada que huye con su hijo dormido a la espalda en la contratapa del libro lo había visto tantas veces que, apenas lo tuve delante, pude reconstruir sin esfuerzo la situación. Aún conserva a su hijo —pensé— y va en grupo con otras mujeres y niños. Su marido quedó atrás, y a estas horas está luchando o abona una fosa común. Ella tiene suerte, porque no la han violado. Lo sé porque está en la frontera pese a ser guapa y joven, y en los Balcanes a las guapas y jóvenes casi nunca las violan una sola vez, sino que las llevan a burdeles para soldados y las violan cada día y cada noche, y al final las matan cuando quedan preñadas. He visto esa historia en el acto, como he visto otras historias igual de corrientes y conocidas de sobra en las fotos muscadas entre casquillos de bala, en el reparto de pan a los refugiados, en los cadáveres devorados por los perros. Creía estar ya a salvo y lejos de todo eso, y mira. De pronto llega Gerva y me recuerda que ése es el único mundo real verdaderamente real que existe, y que esto otro de aquí sólo es un camelo, una tregua, y que mañana el muerto de la foto puedo ser yo, o la que corre con el niño a la espalda puede ser mi hija".
"Mostrar hoy el horror en primer plano ya es socialmente incorrecto. Hasta al niño que levantó las manos en la foto famosa del gueto de Varsovia le taparían hoy la cara, la mirada, para no incumplir las leyes sobre protección de menores. Además, se acabó aquello de que sólo con esfuerzo puede obligarse a una cámara a mentir. Dejaron de ser un testimonio para formar parte de la escenografía que nos rodea"
"Somos producto de las reglas ocultas que determinan casualidades: desde la simetría del Universo hasta el momento en que uno cruza la sala de un museo".

Arturo Pérez Reverte

jueves, 12 de noviembre de 2009

Lágrimas de Eros

Ilustraciones de la Exposición "Lágrimas de Eros", en el museo Thyssen Bornemiza.





¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias,
oh, hija del príncipe!
Los contornos de tus muslos son como joyas,
obra de mano excelente maestro.
Tu ombligo, como una taza redonda
que no le falta bebida.
Tu vientre como montón de trigo
cercado de lirios.
Tus dos pechos, como gemelos de gacela.
Tu cuello, como torre de marfil;
tus ojos, como los estanques de Hesbón
junto a la puerta de Bat-rabim;
tu nariz, como la torre del Líbano,
que mira hacia Damasco.
Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo;
y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey
suspendida en los corredores.

¡Qué hermosa eres, y cuán suave,
oh, amor deleitoso!
Tu estatura es semejante a la palmera,
y tus pechos a los racimos.
Yo dije: Subiré a la palmera,
asiré sus ramas.
Deja que tus pechos sean como racimos de vida,
y el olor de tu boca como de manzanas,
y tu paladar como el buen vino,
que se entra a mi amado suavemente,
y hace hablar los labios de los viejos.

Yo soy de mi amado,
y conmigo tiene su contentamiento.
Ven, oh amado mío, salgamos al campo,
moremos en las aldeas.
Levantémonos de mañana a las viñas;
veamos si brotan las vides, si están en cierne,
si han florecido los granados;
allì te daré mis amores.
Las mandrágoras han dado olor,
y a nuestra puertas hay toda
suerte de dulces frutas,
nuevas y añejas, que para ti,
oh, amado mío, he guardado.

Capítulo 7 del Cantar de los Cantares (sí sí... de la Biblia)

domingo, 8 de noviembre de 2009

El Muro de la Vergüenza









I don’t need no arms around me
And I dont need no drugs to calm me.
I have seen the writing on the wall.
Don’t think I need anything at all.
No! Don’t think I’ll need anything at all.
All in all it was all just bricks in the wall.
All in all you were all just bricks in the wall.

No necesito brazos a mi alrededor.
No necesito drogas que me calmen.
He visto las palabras escritas en el muro.
No pienses que necesito algo.
No, no pienses que necesite algo.
Todo ello, no fueron más que ladrillos en el muro.
Todo ello, no eres más que ladrillos en el muro.


miércoles, 4 de noviembre de 2009

Silencio

La creación más conocida de John Cage es 4.33, su obra silenciosa, aquella que, presentada en 1952, produjo uno de los sacudones más comentados de la historia de la música. 4.33 es una obra en tres movimientos que se extiende exactamente por cuatro minutos y treinta y tres segundos y a lo largo de los cuales todos los instrumentos permanecen en silencio. Para orquesta o piano, la obra "suena" igual. Curiosamente, de haber sido una obra paradigmática de oposición a la tradicionalidad y a ciertas instituciones musicales y de una gran originalidad en la valoración del silencio, 4.33 se ha transformado en una obra que es representada, ocasionalmente, casi como una obra de culto.


miércoles, 28 de octubre de 2009

Pensamientos y Fortunas de un Si Menor XII



Quiero soñar que volvemos al lugar donde no hemos llegado aún.

viernes, 16 de octubre de 2009

¿Debe el arte ser bello?



Marina Abramovic

¿Está el arte en los ojos del que mira?

"Es necesario, pues, en una sociedad civilizada en que se cultiva el arte, preguntarse si todo lo que pretende ser un arte lo es verdaderamente, y si (como se presupone en nuestra sociedad) todo lo que es arte resulta bueno por serlo y digno de los sacrificios que entraña. El problema es tan interesante para los artistas como para el público, pues se trata de saber si lo que aquellos hacen tiene la importancia que se cree, o si simplemente los prejuicios del medio en que viven, les hacen creer que su labor es meritoria. También debe averiguarse si lo que toman a los otros hombres, así para las necesidades de su arte, como para las de su vida personal, se halla compensado por el valor de lo que producen. ¿Qué es ese arte considerado como cosa tan preciosa e indispensable para la humanidad?"

León Tolstoi

domingo, 11 de octubre de 2009

Pensamientos y Fortunas de un Si Menor XI



Por las ramas del laurel
vi dos palomas oscuras.
La una era el sol,
la otra la luna.
«Vecinita», les dije,
«¿dónde está mi sepultura?»
«En mi cola», dijo el sol.
«En mi garganta», dijo la luna.
Y yo que estaba caminando
con la tierra por la cintura
vi dos águilas de nieve
y una muchacha desnuda.
La una era la otra
y la muchacha era ninguna.
«Aguilitas», les dije,
«¿dónde está mi sepultura?»
«En mi cola», dijo el sol.
«En mi garganta», dijo la luna.
Por las ramas del laurel
vi dos palomas desnudas.
La una era la otra
y las dos eran ninguna.